miércoles, 16 de febrero de 2011

Make it a better place

Cada vez que me quejo del café chino siento que una horda de modelos de Benetton me linchará con lujo de antorchas y Heal the world como fondo musical. Ah claro, hay que amarnos todos y aprender los unos de los otros. Es que me siento culpable por encontrarle cada día peor sabor a mi café chino. Hoy me dio acidez (favor de no confundir la fea sensación de acidez que bien podrían ser nauseas de cafeína con la que se queda en la boda recordándote que tomaste una taza maravillosa en la mañana y gracias a eso puedes seguir matando el tiempo) estoy segura, me asombra no haberme desmayado.
Lo cierto es que todos somos iguales... igual de chafas. Yo no empecé chinos crueles y no soy la única que puede inventar lo que se le antoje sin base alguna, ustedes también lo hacen:


"According to Chinese legend leprosy was a divine punishment for necrophilia".
Rod Edmond, Leprosy and Empire 


Ahí  está. Bien, si van a partir del deterioro del cuerpo de un inocente para colgarle quién sabe qué atrocidades y concluir que es su culpa, entonces yo estoy en toda la libertad de concluir que su café no sabe bonito porque su milenaria maldad les impide cosechar café con un cachito del alma que no tienen.
Y ya no me voy a sentir culpable. Y me lo voy a seguir tomando porque mi excursión al super fue un fracaso y lo mejor que ofrecía era una marca que juraba reunir lo mejor de todas partes y nomás no le pude creer. No, no... o pichas o cachas o bateas amigo, no puede hacer todo, no va a funcionar.

 

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