¡Soy una idiota!
¡Soy una idiota!
He pasado días gachos, gachos. Entre la duda, la culpa, la mortificación, el arrepentimiento y la tristeza. El sentirse mierda, literalmente mierda desde el primer rayo de luz hasta que el rivotril que nos robamos hace efecto, y a veces, hasta en sueños. Ni siquiera sé cuántas veces hice que mi hermana me repitiera que no le había hecho nada espantoso a mi madre, que no era la peor hija del mundo, que no le he pagado mal todo lo que hace por mí y que no la he ofendido irremediablemente. No puedo creer que hasta fui a preguntar en cuánto saldría internet inalámbrico portatil para ver si el inquilino (que nunca va) desaparece y puedo ocupar el departamentito considerando que mi madre no me habla y de todos modos, se va la mita de mi beca en pagar el agua... mi papá me lo ofreció, así de feas vio las cosas que me dijo que me fuera allá y él me pasaba dinero para que me las arreglara. La tensión, el desprecio silencioso y las sutiles descortesías, básicamente me ha tocado el trato silencioso del tipo "te castigo con el látigo de mi desprecio", ya sin contar con mis propios métodos arcaicos para purgar mis ofensas a la vieja usanza. ¿Y que cree usted mi querido lector? Que de repente llega muy contenta. ¿Fue porque me he estado aplicando tratando de hablar con ella? ¿Hacer comentarios amables para ver si me responde?
No, se fue a rellenarse las arrugas y está tan feliz que ya hasta se le olvidó que el lunes me estaba poco menos que corriendo/acusando de todo lo que ha salido mal en su vida. Está contentísima y mi existencia no parece ser tanto problema. Del perro ni hablar, ni modo, eso siempre lo supe.
Es que no lo puedo creer, con razón había estado mencionando otra "bolita misteriosa de grasa que le salió en el cuello". Lo mismo, exactamente lo mismo que dijo cuando nos pidió "misteriosamente" a Miss Price y a mí que le diéramos un conveniente aventón a una calle del edificio donde yo sé que está el cirujano plástico. Claro, hablamos de esa vez en la que el doctor, por sus pistolas, decidió quitarle el tumor de naturaleza indefinida y de paso restirarla sin pedirle permiso siquiera. ¡No supo cómo pasó! [insertar carcajada de incredulidad]
¡Y CAÍ! ¡Caí otra vez en el círculo que ya me sé de memoria, ese que tan bien se maneja en toda la familia de vieja de donde vengo... caí!
La próxima vez que me apriete el silicio les suplico que me sirvan un whiskey, sí de la variedad de la 'e' y me recuerden que no importa qué tan difícil sea hacer lo que queremos hacer es necesario aventarnos, por más difícil y complicado que vea. ¿A mí qué chingados me importa "incomodar"? Tanto problema tiene que valer la pena. Un perro con techo siempre valdrá más la pena que la desaparición de un línea de expresión. Cada quien tiene las suyas, si yo no me opongo a que se inyecten cosas, no tendrían que oponerse a mis excentricidades caninas. A lo mejor todo sigue saliendo mal, pero carajo, habrá valido la pena el intento qué no? ¡Tiene que haber valido la pena!
No importa si tengo que recorrer toda la ciudad pegando carteles, anunciarlo en veterinarios, ofrecer las perlas de la virgen, tocar de casa en casa... ¿es posible encontrarle casa, no? ¡Tiene que ser posible, tiene que serlo!
No importa si tengo que recorrer toda la ciudad pegando carteles, anunciarlo en veterinarios, ofrecer las perlas de la virgen, tocar de casa en casa... ¿es posible encontrarle casa, no? ¡Tiene que ser posible, tiene que serlo!
Es la parte complicada de hacer lo que uno quiere, pero ánimo, yo creo que usted va por buen camino.
ResponderEliminarLa adoptaron, la adoptaron! Parece que se ha salvado!!!! Ahorita les cuento.
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