Advertencia: Post chafa.
Cuando era muy joven, tenía muchos más defectos, era más molesta y un poco más irritante, pero supongo que era culpa de mis convicciones morales, me peinaba todavía menos, casi no hablaba, y tenía la mala costumbre de usar gorras y sudaderas de hombre, pero creo que me hubiera gustado conservar las certezas, las importantes.
Ayer que regresaba del parque con Jane, algo le decía sobre Mrs. Palmer, quejándome a muerte como acostumbro y pensando que era una cosa muy terrible hablar mal de alguien que sólo se portó bien conmigo, demasiado tal vez, pero que al final de cuentas no hizo más que ponerme atención, entonces descubrí que disfrutaba mucho no sentirme culpable. Creo que me gusta mucho la sensación de vacuidad, es como tener el estómago vacío, pero más arriba, en algún lugar bajo las costillas, por eso se me ocurre que si algo ha de faltar ha de estar relacionado con el corazón, podría ser la angina de pecho que dicen que no existe, aunque el vacío está localizado en alguna parte más céntrica del torax.
Descubrí que mi padrino de bautizo luego pregunta por mí, creí que me había olvidado, después de todo no terminó casado con mi tía, y el último recuerdo que tengo de él fue una visita en la que me regaló un columpio de esos de juguete. Parece que mi tía le miente con un descaro extraordinario para explicar por qué nunca aceptamos la oferta de visitarlo en Cancun. A mí nadie me preguntó si quería ir, nadie me lo ha preguntado ni una vez en los últimos veinticinco años. Claro, ni modo que mi tía le diga; "es que fíjate que odio a la escuincla", y que si caigo muerta mañana no puede importarle menos, es más, le daría gusto, podría usarme como moraleja: Eso te pasa cuando eres una muchacha egoísta y chiqueada (whatever that means).
Y por todo eso he decidido darles la razón, efectivamente soy una persona egoísta, más allá de los límites normales, y lo único que puedo hacer es comprometerme con ello. Es hora de tomar consciencia, y decir: "Me porto a la altura de mi egoísmo". La primera que se va con el corte fue Mrs. Palmer, ni modo. Supongo que realmente no le importará mucho mi desaparición, pero la verdad es que yo no tengo que aprender a cocinar, ni tengo que verla una vez a la semana para hacerlo, tampoco me interesa el estado de sus ovarios, y no voy a apagar mi cigarro para no dañar su voz. No me interesa el genio y la belleza sin igual de su hermana y sus primas, no voy a aburrirme con la información de una familia que a mi no me interesa en ningún sentido, y si está decepcionada, ni modo. El mundo es pinche, hay que vivir con ello.
Lo gracioso del asunto es que hace unos diez años, cuando hubo uno de esos eventos sensibles religiosos donde nos reunieron en el auditorio para darnos "una importante lección de vida", la mamá de la Sra. Palmer me dijo "tienes corazón de piedra", y lo hizo varias veces. El asunto es que te metían en el auditorio, te hacían cerrar los ojos y te soltaban una radio novela del tipo "y de pronto, imagínate que llegas a tu casa y tu madre está muerta"... el punto era hacernos sentir culpables por ser el adolescente malvado que trata mal a su mamá, pero como yo no había hecho cada una de esas cosas que enumeraban (yo no le contestaba mal, yo no le gritaba, yo no la desobedecía, yo no la criticaba) pues no tenía cargo de consciencia. La sorpresa era que abrieras los ojos y de madrazo estaba tu mamá enfrente. Todas las madres lloraban y los hijos también, todos menos mi mamá y yo, en especial después de que la Thatcher llegó a interceptarla a la escuela y le mentó la madre por llevarse las llaves o algo así, por lo que en esas circunstancias lo que menos iba a hacer era llorar por una radionovela. No lloramos, y la mamá de la Sra. Palmer se permitió darme unos golpecitos en el pecho mientras repetía: "tienes corazón de piedra, corazón de piedra".
Tal vez tenía razón y por eso no me importa la suerte de su hija, me gustaría volver a sentir esa inflamación, como de aire ,que pasa cuando crees que quieres a la gente y que eres querida de regreso, pero ya no está, lo malo es que en las noches me acuerdo. Afortunadamente me dan un pedacito de rivotril o tafil, y se me olvida, al menos hasta la siguiente noche. Siento que algo me falta. Por eso acoso a Rito, cuando lo abrazo, se emociona todo y puedo escuchar cómo le late el corazón, que es chiquito, pero es la forma en la que verifico que a sus diez años siga vivo. Si Rito sigue vivo yo también, porque en todo caso la mamá de la Sra. Palmer se equivoca, no es que tenga corazón de piedra, o que no tenga uno para nada, lo que pasa es que Rito es todo mi corazón, y no puedo llevarlo a todos lados.
Es la única explicación que se me ocurre.
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