Tenía muchas ganas de ir a la cineteca, había una película que quería ver, pero Jane quería ir a una fiesta después, y como que le saqué. No quiero ver gente, a nadie, y todavía no sé llegar sola a la cineteca. Es muy incómodo, estar parada ahí, como la amiga mamona, creo que ya no puedo.
Las clases de costura fueron extrañas, muy poco espacio, casi nada de oxígeno, y muchas dudas respecto a qué diablos hacía ahí. Me aburrí y estaba algo incómoda, sería la silla. Hacer cosas se ve complicado, dudo poder hacerlo. Yo copié patrones.
En algún punto de la mañana el mal humor se disparó. No puedo estar más enojada conmigo misma. ¿En dónde diablos he estado viviendo la mayor parte de mi vida? El enojo con uno mismo está difícil resolverlo. Tal vez todo es culpa de tener los ojos funcionando todo el tiempo, ya no existe la distinción entre "estoy y no estoy, vamos a evadirnos", es más complicado perderse en un montón de creencias que ahora han quedado desmentidas. Si no fuera yo, si fuera cualquiera otra persona más balanceada, más cautelosa, más realista y con un poquito de sentido común en lo que a proporciones se refiere, no estaría así, no me habría convertido en sea lo que sea esta persona que escribe aquí. No podía superarlo y continuar alegremente con mi vida, no, tenía que aplicar la política de quema y convertirme en esto para poder salir de la confusión. Me asombra ya no encontrar rastros de buena voluntad en alguna parte de mi cabeza, y los busco, pero no hay. Creo que siempre he sido así, como dice Iggy Pop: She’s greedy, lazy and impossible to like. La mejor parte es que no importa. Yo sé, a ciencia cierta, que no importa. Aplastado todo, a medio derretir como babosa con sal, empiezo a ver que lo mío es la invención, y no entiendo cuál era la necesidad. ¿Cómo puedo haber estado tan loca? Es como haber salido de la anestesia. Como cuando me abrieron el paladar y estaba muy drogada, durante toda la operación mezclé la musiquita con el ruido del aparatito ese que usaron para cortar.
Ya de golpe, en todos lados, mi casa, la facultad, la calle, veo todo y no lo reconozco, es como si mis recuerdos hubieran sido todos una gran alucinación. Una película, es espantoso.
Una vez Jane me dijo que si seguía sin dormir podía tener alucinaciones diurnas, voy a averiguar. Tal vez he estado afectada por la mala combinación de falta de sueño y miopía. Siempre he tenido la mala costumbre de no distinguir bien la diferencia entre la fantasía y la realidad, como el día en que llegué a contar en la escuela que había ido a la premier de Pocahontas y que terminaba en que John Smith se iba y no se quedaban juntos, pasé una mañana muy angustiosa porque de pronto ya no supe si era cierto, si lo había inventado o si había visto la película en lo absoluto. Si lo había imaginado iban a decir que era una mentirosa y sufrí mucho hasta que pude llegar a mi casa y le pregunté a mi mamá si era verdad. Lo mismo con el señor de letras que ya casi al final de la escuela vi sentado afuera de la biblioteca, tuve que voltear varias veces porque no tenía sentido que estuviera ahí, ya había salido y pensé que a lo mejor estaba imaginándolo, como cuando identificas gente al azar con otra hasta que los ves de cerca y dice “no, ni se parecían, no sé por qué pensé”, claro, hasta que me saludó, y tuve que regresarme a ver si sí era y ganarme uno de los momentos más humillantes de mi vida. ¿Cuál es la diferencia? los sueños son muy vívidos, hay hasta sabores, y puedes tocar las cosas, y la incertidumbre de la mañana en la que tengo que llegar al cuarto de mi hermana y verificar cómo me contesta para saber si nos peleamos de verdad, o fue un sueño, es muy real.
No, mi película sí fue así, tal vez yo le puse difuminaditos de colores pero supongo que todo es válido para que tu cuento se vea como uno quisiera que fuera. No tiene nada de malo ponerle filtro a la cámara, aunque sea accidental, y se pierda uno en el hecho.
Dios mío, tengo muchos problemas.
Pero ya estoy bien, no sé de dónde vino ese estallido de mal humor, pero estuve a punto de gritarle a Rito.
Parece que considera una cosa muy simpática dejar recuerdos suyos como sorpresas escondidas en la parte de atrás del comedor: “A ver qué cara ponen cuando lo descubran”…
Rito, no me ayudes!
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