lunes, 13 de septiembre de 2010

Toros sí, toreros no

¿Por qué la gente tendrá tan mal gusto en cuanto a hombres se refiere?

No, me niego a emparentar con un dechado de virtudes así. Aunque pensemos que podría ser la última oportunidad para conseguir sobrinos, los necesito, los quiero, de otra forma me voy a convertir en un monstruo, como Lamia.
Nada, voy a rastrear a este infeliz en facebook.

¿Y si pongo un anuncio en internet y empiezo a conseguir un buen partido para mi hermana? ¿Dónde los venden? 

Vamos a calmarnos, justo ahora. No va a pasar nada, todo es un producto de su imaginación, y para cuando regrese de mi pequeña caminata vespertina, con un poco de helado, o tal vez una paleta de chamoy en la mano, todo habrá sido un sueño.

Nada está pasando, nada pasó. Podría abrir mis ojitos y no habrá ninguna razón para sufrir, mis perros callejeros seguirían manteniéndome el corazón ocupado, no me habría convertido en un cálculo biliar.

Me cuesta mucho trabajo manejar la angustia, a veces me entran ataques de ansiedad, como de incredulidad mezclada con desesperación, pero tengo que entender. No hay nada que hacer, y cualquier cosa que pudiera intentar saldría peor, por eso lo único que puede funcionar a estas alturas es tratar de acelerar el paso de los días, tal vez en unos años dejaré de sentirme así y entenderé. Leer es bueno, se va el tiempo mucho más rápido, lo mismo con las caminatas, las peores horas del día, en las que no se puede enterrar esa fea sensación que nos acosa a la menor provocación, se van más rápido si le pongo la correa a Rito y nos vamos por una paleta.  Supongo que es el aire lo que ayuda. 
Es muy posible que conforme pase el tiempo siga sin entender qué diablos pasó y que tanto mal se disparó y de qué manera, las causas, los procesos, los factores y después, las consecuencias. Al final, los esfuerzos para calmar la confusión interna y tratar de recuperar un poquito de amor propio, de tratar de encontrarle valor a la cosa hirsuta que sea uno como persona, son un proceso muy racional, igual que en el otro extremo, el que sólo sucede sin saber el cómo y el porqué, se va aceptando lo que pasó, y me sorprende lo definitiva que es una cirugía, cualquier tipo, como la amputación. ¿Qué se puede hacer? Los leprosos no estaban contentos en su lazareto, muchos huían, se escapaban como si estuvieran en la cárcel, y aunque los agarraran pronto, ya habían corrido un rato por la calle, esparciendo su enfermedad. Supongo que no les importaba, respirar un poco iba primero, aunque siempre queda algún leproso que prefiere quedarse en el hospital y aventarse todos los tratamientos que se le ocurran al médico emprendedor que lo esté tratando, ya sean baños o arañas. Eso es lo mejor que puede hacer un leproso, ponerse sus vendas y tratar de hacer de cuenta que nada pasó. No estoy enferma, no me regresaron al hospital un par de policías, yo estoy paseando.

Me encanta ser una parodia de mí misma, pero es como si no pudiera hacer otra cosa. Se clausuró el changarro por motivos de sanidad. Es muy terrible. Me recuerda a los hospitales derrumbados.
 Y compré mi paleta, caminé mucho con Rito, le quité hojas secas de las barbas y pasé a la farmacia a ver si vendían agua de hamamelis.

Hamamelis, escoba de bruja, avellano de bruja por la semejanza del fruto con la avellana. 


Lo malo es que no tenían.

2 comentarios:

  1. y para que sirve el agua de hamamelis?

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  2. Para las quemaduras solares! (o eso me dijo una página de internet, no me haga mucho caso)

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