domingo, 12 de septiembre de 2010

Por maldición o mordedura

"The fear is that if a woman fails to marry or to bear children in her lifetime, her jealousy will reach such proportions that, in the afterlife, she will reapper as a Succubus or Lamia, using her powerful feminine charms to corrupt other women's husbands, and destroying their offspring in revenge for her own barrenness."
Es decir, la gente como yo suele convertirse en un monstruo. Claro, que si yo voy a perseguir a alguien después de muerta no será a los maridos de las demás, esos a mi qué me importan, seré otro tipo de muerto, ningún tipo de vampiro o señora con características de serpiente o de golfa,  regresaré a acechar lugares, eso sí. En cuanto me muera voy a agarrar la costumbre de aparecerme a la mitad de la noche en el patio de la biblioteca de la Facultad, en los pasillos del segundo piso o en la fuente, con un café en la mano y rodeada de mi jauría de perros callejeros fantasmales. 
Había pensado aparecer por el archivo, pero ese ya tiene muchos ocupantes más elegantes y de mayor jerarquía. Yo supongo que mi aparición, anunciada con humo de cigarro y ladridos, no causaría el mismo efecto que el encapuchado que le hace señales a la gente desde la entrada al patio de castigos, o el indio que parece estar perdido en el baño de mujeres.  

Creo que quiero dar mis vueltas por algún lugar familiar y no sé si quiero quitarle el sueño a mis padres, aunque tal vez sería buena idea, prender y apagar la tele en mi cuarto para que mi mamá sepa que sigo aquí. 
Podría ser reconfortante, como cuando se murió mi abuelo. Mi mamá, entonces de  nueve años, creyó por mucho tiempo que podía ver la lucecita del cigarro de mi abuelo deambular por el pasillo a la hora de dormir, como cuando revisaba que todos estuvieran ya en sus camas. 
Con mi sonambulismo, y desde que era joven, puedo saber dónde anda mi mamá en las noches (si está sentada en la sala o en la cocina), por el olor a tabaco quemándose. Veo primero la lucecita anaranjada en la obscuridad antes de prender todas las luces y verificar que ahí está y que tampoco puede dormir.

Tal vez debería quedarme por mis rumbos, en la Facultad no serviría de nada. ¿A quien me le voy a aparecer? a las ratas bailarinas tal vez, a los ocupantes del auditorio o a los indigentes que a veces duermen por ahí. No, mejor saldré a pasear a mis perros fantasmales por aquí, a los mares les caería bien tener un difunto interesante. Ah, y cantaré, así pondré final de una vez por todas a las fiestas escandalosas de mis vecinas. Si no me va bien y les gusta el espectáculo, empezaré a cobrar. 

Amenice su evento con la aparición de un fantasma chocarrero, descuento en bodas y quinceaños.

Si se cae la quinceañera pueden echarme la culpa, a lo mejor fui yo.

4 comentarios:

  1. No hay que espantar ni mucho ni poco, digo, puedes llegar a ser una atracción turística o un fantasma de cuidado.

    buuuuuuu...

    ResponderEliminar
  2. Que plan tan interesante! Prometame que vendra a visitarme, le pondre su cigarro y algo de tomar en mi altar de muertos! Que bebida prefiere?

    ResponderEliminar
  3. Ay, cuánta bondad la suya, se lo prometo, también prometo que me presentaré decente, nada de mortajas andrajosas ni huesos, no quiero espantar a las princesas. Whisky!

    ResponderEliminar