(Sobre la compra de un cama nueva para Rito, sí, el terciopelo es completamente necesario)
—¿Qué raza es?— Preguntó el joven vendedor con actitud emprendedora.
—Mestizo de yorkie.
—¿Osea, cómo? ¿de qué tamaño?
—Pequeño, mediano, no sé.
(Lo admito, hice que bajara cuatro camas diferentes y medí, examiné y cambié de opinión tres veces, pero al final ganó el terciopelo, como siempre. Ya sólo quedaba pagar pero fue un largo camino.)
—¿No te interesa algún disfraz para Halloween?
—...hmm, no, no le haría eso.
—¿Por qué no?
—Respetar su dignidad canina, ahorrarle un trauma emocional que no necesita y evitar a toda costa que pase incomodidades para pasearlo por lugares a donde ni siquiera voy nada más para que lo paren en la calle y digan “ay, qué divino se ve el perrito disfrazado de sandwich”, halagando mi vanidad al mismo tiempo que un montón de mocosos sin modales se ven completamente incitados a ponerle sus asquerosa manitas encima mientras yo vigilo aterrorizada que no los muerda porque sus padres lo patearían, yo me pondría a gritar, y al final me arrancarían la cabeza. Ahh, este, no sé.
(Todavía camino detrás del muchacho rumbo a la caja y se vuelve a parar.)
—¿Una carnaza, un premio?
—No, no le gustan.
—Noooo, ¿cómo? Un juguete, un premio ¿no, de veras?
—No entiende los juguetes
—¿Y los premios? Las carnazas no son premios.
—Es callejero, no entiende los premios. Lo entrené con puro amor, súplicas y experimentación, no con premios. ¿Sabes qué hace con la carnaza que le dan al salir del salón de belleza? La revisa, la lame y luego me observa con cara de cuestión: “¿qué chingados quieres que haga con ésto?” ¿por qué diablos quieres que le compre unos premios que él sabe son mamadas que otros perros se tragan porque no saben que hay cosas mejores? A él no lo puedo engañar. Es lo primero que hice tan pronto lo fui a recoger, bueno, después del discurso que le solté cuando lo acababa de sacar de su jaula y se aventó todo el camino desde el sur hasta Satélite acostado en mis piernas, a pesar de los brincos del coche y demás vueltas, me fui a buscarle un montón de juguetes que vio con cara de interrogación y que Goofy aprovechó para robar y esconder nada más porque se le hacía divertido. Ese nombre se lo puso mi hermana, pero en mi cabeza siempre se llamó Gufildro o Gufielfredo. Le compré juguetes, de veras que sí, el amor se demuestra con regalos, pero jamás los quiso, y veía tranquilamente a Goofy ir y venir con sus cosas sin inmutarse. Y ahora pienso en las pendejadas que hace uno cuando cree que tiene tiempo, que no fui yo, estaba muy chiquita, pero me pregunto si mis papás hubieran hecho tanto escándalo cuando Goofy orinó el tapete chino de haber sabido lo enfermo que iba a estar. Una mancha en el tapete y mandaron al pobre al patio, él que nunca había estado afuera estaba muy confundido, nació en la casa de una amiga de mi tía, y lo vendieron como cachorrito, ella se quedó con su hermano, Pepe, que se quedó varias veces con nosotros aunque viviera en el sur, con ellas. Estaba cojito, se cayó “misteriosamente” de una azotea, igual que después se salió a la calle y se perdió exactamente con el mismo misterio. Pero ni modo, eso hacen las personas. Goofy también se robaba los juguetes de Pepe, se le hacía divertido probar que era más hábil que los demás, pero a diferencia de Rito y su mal carácter, Goofy nunca ponía cara de ser culpable. Él hacía algo y escapaba, después intentaba arreglar el asunto con puro carisma, y por lo general le salía bien. “No sé de qué me hablas, pero vamos a olvidar que me estás acusando de haberme comido esa pantufla porque soy un gran perro y tengo un corazón muy generoso, ahora juega conmigo o vamos a ver la tele, soy lindo.” Era lindo en verdad. ¿Ya entendiste por qué no quiero un bote carísimo de premios que nadie se va a comer? No, de veras, estoy bien, gracias.
Y por fin se calló. Por cierto, ese local mata animales y me opongo a la venta de cachorros, pero Rito necesitaba esa cama, maldita sea.
Ni hablar, una tiene que hacer, lo que tiene que hacer U.U
ResponderEliminarY si involucra comprar cojines de terciopelo y demás accesorios extravagantes pero completamente indispensables, entonces está justificado, claro que sí. Muchos saludos!!!
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